Sinopsis
Si queremos ser evangelistas fieles y efectivos, necesitamos tener una fuerte vida espiritual. Primero, esto significa que tenemos que rezar diariamente. La oración es para el alma, lo que el aire es para los pulmones. Para crecer en santidad, debemos aprender gradualmente a "orar constantemente." También necesitamos construir en nuestras vidas disciplinas espirituales para formar una base para ese crecimiento. Eliminar el pecado es una parte importante de esto, y debería tener lugar en el contexto de nuestro creciente conocimiento del amor de Dios por nosotros. La santidad, de hecho, siempre es un llamado a una libertad gradualmente más profunda, en el amor de Dios, por lo que no debemos ser demasiado severos o inflexibles con nosotros mismos. Además, cada uno de nosotros está llamado a ser santo de una manera única. Cuando surgen dificultades y sentimientos de desánimo, no debemos sorprendernos sino perseverar en la oración, sabiendo que Dios nos está equipando para cosas más grandes a través de varias pruebas. Como evangelistas, debemos prestar especial atención a la batalla espiritual por las almas, imitando al Señor Jesús crucificado.