Introducción a La Evangelización Lección 1.6 Pensamientos Finales

El difunto padre Benedict Groeschel dijo que cuando la gente se emborracha, lo que realmente quieren es la Eucaristía. Cuando las personas participan en la promiscuidad sexual, lo que realmente quieren es el matrimonio. Al vivir en la alegría del Señor y al compartir esa alegría con los demás, podemos ayudarlos a ver que quieren, lo que nosotros como católicos tenemos. Queremos ser fuertes en el amor de Cristo para que, la mayoría de las veces, irradiemos alegría. No irradiaremos alegría porque creemos que somos especiales o que hemos tomado mejores decisiones en la vida, sino porque reconocemos que somos pecadores salvados por la gracia de Dios (Efesios 2:8-9). Hemos recibido un regalo y queremos compartir ese buen regalo con otros.

¿Quiénes son los evangelistas? Ellos son discípulos de Jesús. Son enviados. Traen paz. Pasan tiempo con personas a las que evangelizan – comen y beben con ellos. Sanan a los enfermos. Ellos proclaman el evangelio. El evangelista presenta el Camino de la Vida, el Camino que sigue a Cristo, con las promesas del Espíritu Santo en esta vida, y la vida eterna en la próxima; y advierte sobre el camino de la muerte, el camino que sigue al diablo y sus ángeles caídos, con las consecuencias de la vanidad y la falsedad en esta vida, y la muerte eterna en la próxima. "No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna” (Gálatas 6:7-8). Al traer el evangelio, el evangelista vive fiel a Jesucristo, ama como Jesús, proclama el amor de Jesús en su cruz y resurrección, y con Jesús hace el llamamiento que hizo Moisés:

Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. … No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques. … Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. (Deuteronomio 30:11, 14, 19-20; ver Rom 10: 5-9)